Orto

La noche cambió su manto
por arco iris de oro,
la luna cuna dorada
por el añil del cielo;
y el bosque, orfeón de trinos;
de fronda y humus cubierto,
altas copas mecía
en los columpios del viento.

El río; carillón risueño,
sus dos orillas mostraba
bordadas de hierba y piedra
y el verde miel de los olmos;
un cisne de nieve y nardo
su esbelto cuello estiraba
como plumón florecido
de nenúfares en calma.

Y el sol; lucerón despierto
con su pechera encarnada,
ponía en callejones
dónde las sombras descansan,
siete pinceles del prisma
en el regazo del alba;
miríadas de estrellas iban
guardando luces de plata.

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